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West Coast isla sur de Nueva Zelanda – Parte 1

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Vuelta a la carretera. Después de haber vivido un tiempo en Queenstown me notaba oxidado y al mismo tiempo engullido por su agujero negro. No me malinterpretéis, allá he estado muy a gusto pero esa misma sensación te atrapa y hace que vuelvas a estancarte al calor de lo conocido. Dado que mi ciclo en la ciudad de la reina había terminado junto a las increíbles ganas de seguir recorriendo Nueva Zelanda había que tomar la decisión de marchar. Lejos de mi gente.

La ruta continúa por la costa oeste de la isla sur. Como referencia se toma Wanaka, un lugar al que le tengo cariño y en el que volví a pasar noche no sin antes volver a ver a mi monte, Mount Roy. Nada más salir de la ciudad, en dirección Haast (para lo que tendremos que girar a la izquierda tomando la carretera 6), llegaremos a Lake Hawea. Se trata de un inmenso lago empleado para actividades de recreo, pesca y senderismo.

La escarpada hilera del fondo nos vigila nuestro camino

Existen multitud de paradas en west coast, la mayoría señaladas (antes de partir aseguraros de coger un panfleto con todos los puntos de interés) pero en el que cualquier brecha en el arcén será válida para saltar del coche con el propósito de no perdernos nada.

Es bueno conducir despacio porque el viento sopla con fuerza

Cuando abandonemos Lake Hawea enseguida nos toparemos con Lake Wanaka. Lo primero que choca es la gran diferencia que existe entre ambos, su estado de ánimo. Mientras el primero se encontraba en calma total el segundo parecía furioso con el mundo debido al fuerte viento que azota la zona. En el horizonte se divisan las primeras nubes aunque no sean ningún obstáculo para el hombre del tiempo.

Otro de los puntos de interés y en el que podremos estirar las piernas durante algo más de media hora entre árboles milenarios será Blue pools. Al final del paseo (y después de haber cruzado un gran puente colgante) llegaremos a una pequeña piscina natural donde el agua del río, perezosa ella, se toma un descanso adquiriendo un vivo color azul. De ahí su nombre.

El color azul turquesa invade el río

Desde aquí hasta Haast no hay mucho más que ver, si acaso unas cascadas que quedan al lado de un improvisado parking. La ciudad de Haast es curiosa porque está dividida en tres, lo que suele confundir al conductor. Así pues, la primera será Haast Township seguida de Haast Beach para terminar en Haast Junction. Aquí tendremos varias gasolineras, tiendas, cafeterías y supermercados  que nos salvarán de más de un apuro (siempre que se va de viaje es fácil que se nos olvide algo).

El futuro del horizonte siempre se ve lejano

Tengo la fortuna de tener el poder de controlar el clima. Esta vez la tarea no fue sencilla necesitando toda mi concentración para colocar un largo manto blanco que bloqueara la ira de la tormenta. Gracias a mí no llovió en Haast Beach ni en los alrededores y aunque mi pose macarra capucha incluida os lleve a la confusión, todo tiene un por qué. Sandflies. De nuevo las putas sandflies con la lección del perro del hortelano bien aprendida: ni comen ni dejan comer.

La isla de Nueva Zelanda esconde muchas sorpresas; la costa oeste no iba a ser menos. Una parada que en un principio no nos dice mucho, Ships Creek, puede cambiar en lo que tardamos en oír el chasquido en los dedos de un ilusionista. Hay un par de paseos, uno que rodea un pequeño estanque que de nuevo veremos el reflejo en sus aguas y otro que bordea unas pequeñas dunas. No tengo prisa, pienso, mi hotel viaja conmigo. La playa está llena de piedras lisas y redondas debido al constante oleaje. A ver cuántas veces consigo que toquen el agua antes de ahogarse, ellas y su pasado.

En el cielo no había ni un solo resquicio para que saliera el sol

De repente los veo. Las negras aletas en el lomo los delatan. Decenas de delfines se muestran al exterior como si de una revelación se tratase. Mientras tanto a seguir eligiendo la piedra idónea para el lanzamiento. Hasta que sucede lo que tantas veces hemos podido verles hacer en cautividad o en la televisión: jugar saltando. Cuando hay humanos en las inmediaciones (sea algún pequeño barco o nadadores) es común que se acerquen y jueguen pero esta vez no había nadie salvo en la orilla. ¿Cómo es posible si la distancia que nos separa es la misma que hay hasta la plataforma de la Concha? Es fascinante no disponer de respuestas para todo.

La vegetación no deja crecer a las rocas

Para acabar la primera parte de West Coast (que no el día) os dejo dos fotografías de Knights Point Lookout. No hay mucho que hacer salvo ver la costa y las diminutas islas formadas por enormes rocas pero si disponemos de catalejos siempre habrá la posibilidad de ver focas o algún otro animal disfrutando de la tarde.

Pero, ¿qué tiene de especial la costa oeste para atraer tanto a los turistas si encima siempre hace mal tiempo? Las incógnitas se resolverán en la próxima entrada, tened paciencia.

Los muros de piedra parecen colmillos

West Coast isla sur de Nueva Zelanda – Parte 2
West Coast isla sur de Nueva Zelanda – Parte 3

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2 Comentarios

  1. Increible que existan lugares en el mundo asi de bellos. Es un paraiso, ojala pudiese volar para alla. Siga acercandonos un pedasito de esa tierra tan linda a nuestros ojos.

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