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Point Elizabeth Walkway – Track desde Greymouth

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La costa oeste de la isla sur de Nueva Zelanda es tan hermosa como inaccesible. Siempre está lloviendo (de ahí su verde estampa) y al preguntar por el tiempo a los locales nos responderán con un  “rain” o “heavy rain, this is why it´s called rain forest!”. Traducido a nuestro idioma vendría a decir que se espera lluvia o fuerte lluvia, que es por lo que coge el nombre de bosque de lluvia. Encima lo dicen sonriendo, como si nos estuvieran contando el último “chiste” de Chiquito de la calzada. Puedo aseguraros que son días infernales sin posibilidad de salir a la calle porque es lluvia de verdad, de la que se pega a los huesos, pero los kiwis que viven por la zona parecen estar encantados.

El verde inunda la West Coast

Claro que a pesar de estar 4 días lloviendo puede clarear 5 horas a la mañana (cuando se esperaba una gran tormenta) y poder hacer un track que se me quedó clavado en la espalda por no haberlo podido hacer el día anterior: Point Elizabeth walkway. Se encuentra a pocos kilómetros de Greymouth (en dirección Norte) y hay que andarse con ojo para ver la salida porque está señalizado justo en una curva de derechas.

Los helechos parecen árboles

Se puede hacer desde dos lugares: desde Cobden o desde Rapahoe. La señalización que antes os he mencionado es la de Rapahoe, para llegar a la otra no estoy seguro de qué desvío hay que tomar. Es un recorrido sólo de ida el cual nos llevará a un mirador. Desde Rapahoe se estima 1:45 minutos y desde Cobden 45 minutos. En mi caso, ávido de kilómetros en las piernas, me decidí por ir al mirador, de ahí hasta Cobden y vuelta de nuevo por el mismo camino que habían recorrido mis pisadas. Un total de 12 km si no recuerdo mal.

¿Sol en el rain forest? ¿Sin lluvia? ¡estamos tontos o qué! A aprovechar el día antes de que las nubes cambien de opinión y se vistan de luto.

Esta área es tropical. Hay mucha humedad, fuertes lluvias y se arremolinan corrientes cálidas de aire (lo que enfurece sobremanera  las olas al empujar una y otra vez las rocas). La flora es rica y abundante. Podremos observar el Cabbage tree (Ti Kouka en maorí) de la especie Cordyline Australis y de la familia Agavaceae con sus 12-20 metros de altura. Habrá también helechos de un tamaño gigantesco, palmeras…una auténtica orgía digna de los botánicos más sibaritas.

Por aquel entonces me hacía falta un buen peluquero

El camino en sus comienzos se inclinará con cierto porcentaje hacia el cielo pero no en exceso por lo que una vez superado el repecho inicial lo que viene a continuación son continuas subidas y pequeñas bajadas. La mayor parte de ellas dentro del bosque hasta salir a un imponente pasillo de vegetación.

Cuando llegamos al mirador es momento de darse cuenta de que no es precisamente lo que hace que valga  la pena andar este track. Las plantas nos privan de bastante visibilidad y hay pequeños recovecos durante el trayecto en el que tendremos mejores vistas.

El mar siempre infunde respeto

Tampoco es bueno perder mucho tiempo si se quiere hacer el recorrido en su totalidad (siempre con la mirada en posición de 90 grados por si toca correr). Desde Elizabeth Point lookout hasta Cobden nuestros pasos irán descendiendo por la ladera en la profundidad de la selva y teniendo como referencia el océano a nuestra derecha. Cuando volvemos a ver el horizonte nos encontraremos con una interminable playa a nuestra entera disposición.

En algún momento del viaje me habrán modificado las botas. Es la profunda reflexión de una mente astutamente inocente que cabila sobre la forma en la que unos muelles han sido introducidos en la extensión de sus pies. Sin cicatrices aparentes. De lo contrario, ¿cómo explicar los saltos en todos los lugares de Nueva Zelanda? Unos kiwis me han recomendado un señor que seguro me puede ayudar. La ubicación de su residencia: Baker street.

En la West Coast rara vez sale el sol

La vuelta es lo menos interesante por haber pasado con anterioridad pero, tal y como sucede en la vida, muchas veces no nos damos cuenta de lo que dejamos detrás nuestra hasta que no nos giramos y lo vemos de frente. Para más inri, muchos de los paisajes o personas a los que damos la espalda esconden grandes virtudes que son ninguneados por el mero hecho de no (querer-saber) mirar bien.

Una ronda de gafas para los lectores. ¡Ésta la pago yo!

La naturaleza de Nueva Zelanda a veces es salvaje

p.d: Tampoco os paséis de listos, no es cuestión de abusar de mi bondad y pedirlas en 3D.

En Cómo ser un kiwi | Tallar tu propia pieza de jade

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