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Blenheim y sus vinos – Marlborough

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Encontramos a Blenheim dentro de la región de Marlborough, situado en la parte noreste de la isla sur de Nueva Zelanda y compartiendo protagonismo con Nelson. Como curiosidad, deciros que hace 900 años los primeros maoríes pisaron estas tierras y hubo que esperar hasta el año 1770 para que las explorara un europeo. Cómo no, el capitán Cook.

La vinicultura es la causante de haber lanzado a la fama internacional esta zona, pudiendo saborear unos Sauvignon Blanc exquisitos. El clima es cálido pero a la vez las montañas que rodean el área otorgan un necesario frío con el cual se consigue el especial sabor que dejan sus uvas. La fruta no se recoge sola y es por ello que muchos temporeros se acerquen para la temporada de fruta. El trabajo es duro, helador a las mañanas y sudoroso al medio día, con unas pagas rácanas con las que poder vivir. Claro que esto pasa aquí y en todo el mundo, no os voy a descubrir nada nuevo con esto.

En su día pasé de largo por este pueblo. Tenía un largo día por delante para ir desde Nelson a Kaikoura y Blenheim no me llamó para nada la atención al cruzarlo por la carretera principal. Por suerte dispongo de tiempo por delante para hacer paradas y descubrir lo inexplorado, hasta tal punto de quedarme por aquí 2-3 días.

Pasear por los alrededores del jardín japonés ofrece serenidad al caminante

Disponemos de varios tracks para recorrer, muy buenos por cierto, a pie o en bicicleta. Hablaremos de ellos en otra próxima entrada y enseñaros las bondades de este magnífico enclave. Lo que sí me dispongo a enseñaros es el Harling Park, un espacio pensado para descansar ideado al estilo japonés. No en vano, el parque nace de la amistad entre Blenheim y Tendo. En cierto modo me ha hecho recordar mi origen, pues de la hermandad entre Yamaguchi y Pamplona nació un área verde con los mismos propósitos.

La noche también esconde sus encantos y como no podría ser de otra manera la cámara sucumbe a ellos sin oponer apenas resistencia. En la oscuridad queda el paseo del río Wairau, donde sus aguas convierten un día de enero en festivo emulando a nuestras almadías o el descenso del sella. Piratas construyendo sus embarcaciones con elementos reciclados en una carrera donde lo menos importante es el orden de llegada. Abordajes entre las fragatas de los diferentes hostels en la conquista de su particular copa América.

La iluminación de la fuente va cambiando de tonalidad

Seguiré informando del resto cuando consiga sacarme de la cabeza las empalagosas frases que esbozan los franceses en la biblioteca o al menos cuando se den cuenta que molestan. Claro que debería acallar también al grupo de alemanes, chilenos y argentinos. Próxima compra en la farmacía: tapones para los oídos.

En Cómo ser un kiwi | Isla Sur de Nueva Zelanda

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