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Rumbo a la isla norte a través de Marlborough Sounds

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Llegó el momento. No hay marcha atrás. Hay que darle la vuelta al reloj de arena y empezar una nueva carrera, en esta ocasión en la isla norte. Parece que fue ayer cuando aterricé en Christchurch con las maletas cargadas con algo más que el mero equipaje. Como un niño con zapatos nuevos he ido descubriendo los encantos de la isla sur pudiendo afirmar que contra más ves más cosas sabes que has dejado de ver. Es inevitable, querrías haber ido a tal sitio o haber hecho lo otro. Atrás me dejo cosas pendientes pero quién sabe si en un futuro el destino me depara una nueva sorpresa dándome otra oportunidad.

Mucho espacio del ferry de Picton y Wellington está destinado a los vehículos

Lo que toca ahora es limpiar bien el retrovisor para que pueda ver bien lejos por si estoy en uno de esos días que añore las montañas sureñas. El precio del ferry al final no ha sido tan sangrante, 157 dólares para mí y la señora encargada de llevarme a todos los sitios a burriquito. Si tenemos en cuenta que a la vez la distancia es algo mayor de 90 kilómetros en un trayecto de 3 horas las cuentas pueden salir sin pensar que nos han atracado a mano armada.

Picton es encantador debido a sus múltiples paseos, su entorno montañoso derivado de los fiordos de Marlborough y su puerto (pesquero y comercial). Un lugar propicio para el descanso de cuerpo y mente a la vez que para encontrar un trabajo de temporada. Si buscáis un hostel os recomiendo el Sequoia en la Nelson Square. Televisión sky, 100 Mb de datos para Internet gratis, tarta de chocolate todos los días junto con el desayuno gratuito. Todo ello por 22 dólares con unos dueños encantadores y ambiente excelente.

Al abandonar cualquiera de las islas de Nueva Zelanda la tristeza se abre paso con recato

Aparte de pagar el viaje estamos amortizando el desembolso por las vistas que nos ofrece navegar por entre los fiordos de Marlborough. En el nivel más alto del Ferry (10º piso) disponemos de muy buenas vistas aunque necesitaremos un cortavientos si no queremos parecernos a una gallina antes de saltar al puchero.

Sentiremos envidia por todos los dueños de esas pequeñas embarcaciones que hemos visto atracadas en el puerto. Nos imaginaremos que nos colamos en una de ellas por la madrugada para amanecer en una de las múltiples calas vírgenes de los fiordos. Con zumo de naranja recién exprimido y revuelto de hongo beltza salteado sobre pan tostado con virutas de queso roquefort para desayunar.

Fotografía con los fiordos de Marlborough al fondo

Debo de avisaros sobre un pequeño contratiempo que encontraremos en el viaje. Mientras vayamos entre los fiordos parecerá que vamos parados pero en el momento que salimos a la alta mar percibiremos el oleaje con fuerza. Si eres de los que fácilmente se marea te aconsejaría sentarte en unos asientos reclinables que están a la disposición del pasajero para poder conciliar el sueño. Existe bar y televisión pero lógicamente imágenes en movimiento no harán sino acrecentar las nauseas.  No obstante no os asustéis, el ferry es muy grande y ni mucho menos tendremos la sensación de ir en un barco pesquero.

Se siente impotencia al ver el último peñón de la isla sur y no poder acariciarlo más que con la mirada. La Tierra deja su poder y su pasado en quien haya caminado sobre ella por lo que no es momento de preocuparse. La llevaré conmigo allá donde vaya.

Comienzo del estrecho de Cook

En Cómo ser un kiwi | Información detallada del ferry entre Picton y Wellington

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