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Katikati y sus murales – Arte al aire libre

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Primeramente, debo pedir disculpas a las pobres personas que han encontrado este blog como fuente para descubrir cómo ser un kiwi y no morir en el intento. Pido perdón por dejarla algo de lado, centrando mis esfuerzos mayoritariamente en mi página web junto con la elaboración de una novela que verá la luz a lo largo del año 2011 (al menos estará acabada, otra cosa será poder encontrarla en la estantería de cualquier librería). De todas formas, no os preocupéis, este pequeño rincón de viajes permanecerá activo hasta que la memoria me falle y no sea capaz de recordar que una vez estuve allí, en Nueva Zelanda. Cierro paréntesis y continúo.

En el día de hoy nos despojaremos de las mochilas y dejaremos aireando las botas de monte junto con esos calcetines ennegrecidos que colgaremos de la chimenea a expensas de que algún alma caritativa los llene de regalos (aunque, quizás, el mayor de todos los presentes sería sustituirlos por un par, nuevo y limpio). El lugar que os propongo no es turístico, o sí, depende. En ningún tour encontraremos una parada en Katikati y en las guías simplemente aparecerá una delgada columna hablando sobre este municipio. ¿Qué podemos encontrar en este pueblo? Cultura al aire libre. Antes de hablar sobre ella, primero, dejarme que os informe de su ubicación por si os apetece dar una vuelta.

Katikati se encuentra a pocos kilómetros de Tauranga, en Bay of Plenty, recordemos, la costa este en la parte central de la isla norte de Nueva Zelanda. Enclave situado a caballo entre la costa y el bosque de Kaimai-Mamaku, es una parada idónea para estirar las piernas, un paseo original para olvidarnos por un momento de la grandiosidad que ostenta la naturaleza en estas tierras. Olvidarnos para no acostumbrarnos a observar las maravillosas vistas como si fueran normales, como si fuera natural pasear junto a leones marinos, imitar a los pingüinos de rostro amarillo o imaginarnos volando junto a los Keas a través de las cumbres montañosas.

Mural colorido de Katikati, Nueva Zelanda

Allá por el año 1991 se decidió otorgar una nueva propuesta a la ciudad. Por aquel entonces tres murales fueron pintados en los edificios para dotarlos con ese plus que tanto atrae al ser humano: la cultura, que una vez esté bien publicitada, atrae turismo, dinero. ¿Acaso no es el dinero el mayor reclamo de todos en los tiempos que corren? No obstante, quedémonos con su lado romántico, su lado artístico. Esa primera idea ha ido creciendo hasta llegar a los 44 murales repartidos por todo el municipio junto con varias esculturas. Las obras se inspiran en el pasado, en sus gentes, en su forma de vida, dado que de esa forma enfocan la mirada hacia el futuro más cercano para no olvidar sus raíces. Las intenciones de Katikati son claras, firmes, robustas en su base; van a seguir fomentando la cultura al aire libre, tanto incluyendo nuevas obras como organizando más y mejores festivales.

Iniciativas como éstas son las que acercan el arte al gran público de una forma paliativa, sin verse como un agresivo mecanismo de intrusión. Si se emplea el dinero de las arcas públicas en la construcción de un museo antropológico de la zona, al cual haya que pagar un boleto para entrar, puede ahuyentar a los ciudadanos en vez de incentivar su deseo cultural. Si por el contrario, se ahorra ese dinero y se crea un museo al aire libre, abierto a cualquier mente curiosa, las cosas cambian: te evitas el recelo en algunas personas hacia los museos, puesto que no hay paredes ni puertas custodiadas por un intruso, de sonrisa voraz, complacido de dejarnos pasar siempre y cuando pasemos por caja.

En este mural está representada la vida del campo

¿Me hubiera acercado a Katikati exclusivamente a ver un museo de murales? probablemente no. Sin embargo, allí me tuvieron, a mí junto con la más dulce de las visitas que recibí en mi estancia en Nueva Zelanda. Una velada agradable, entre risas, helados, esculturas, murales y sus gentes: personas apacibles, joviales, misteriosamente encantadoras.

Más información: Página web Katikati
En Cómo ser un kiwi | Faro de Cape Reinga

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6 Comentarios

  1. Veo que además de ser una ciudad hecha museo pintorésco hay también estatuas por las calles. Muy buena la foto primera, me ha parecido real al principio!

  2. Susana, no esperes encontrar el museo de El Prado en Katikati. Si vas allá sin grandes expectacciones es cuando lo disfrutarás seguro. Lo que sí es verdad, es que es un pueblo idóneo para descansar durante un par de horas. Tranquilo, lugareño y con vida en las calles.

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