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Kaikoura Peninsula Walkway y el resto de tracks

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Kaikoura y sus profundidades marinas

Debido a la disponibilidad de mayor tiempo libre al tomarme unos días de relax, estoy en disposición de escribir sobre temas atrasados. En su día os hablé de las ballenas, su mayor reclamo, hoy toca informaros de los tracks que podemos hacer en Kaikoura. Disponemos de varias opciones a nuestra elección. En mi caso opté por el Fyffe Palmer track para ocultarme al ser un trayecto circular de una hora de duración enteramente de interior con una ligera pendiente ascendente. Una manera de evadirnos de todo y de todos limitándonos a mirar con los oídos, muy distante de lo que acontece en nuestras vidas rutinarias sin tiempo si quisiera para pensar en pararnos, cerrar los ojos y sentir.

Podremos ver estas formaciones por toda la costa

No obstante, aunque Fyffe Palmer track pueda ser una buena alternativa para desentumecer los músculos de nuestras piernas, estaremos perdiendo el tiempo si no hemos realizado anteriormente el Kaikoura Peninsula Walkway. En el post anterior que elaboré sobre Kaikoura os hablé un poco de su península.

Para convertirse en lo que es hoy ha pasado mucho tiempo. Primeramente había mar, hace 100 millones de años la presión del mismo hizo compactar la piedra caliza y limonita en láminas. No fue hasta hace 15 millones de años cuando los grandes movimientos de tierra hicieron levantar esos bloques de tierra formando una isla. A partir de entonces las olas hicieron su trabajo y gracias a nuevos movimientos obtuvo la forma actual unificando el islote creando la península, que todo sea dicho, todavía sigue levantándose.

Se disfruta mucho paseando por la península de Kaikoura

Si queremos caminar por todo el recorrido nos llevará 3 horas largas y nos conducirá desde el centro del pueblo hasta South Bay para volver después al punto de origen. Ésa es una opción, la otra sería empezar desde el parking de la colonia de focas. Lo bueno de este trazado es que está diseñado para todos los públicos, eliminando las barreras, incluyendo las personas que necesiten una silla de ruedas para moverse. En su caso no podrán vislumbrar todo el recorrido pero sí su gran mayoría.

Tenemos un track llano en su conjunto a excepción de cuando tenemos que salvar la colina de la península (en ambos sentidos) y a la hora de tomar un atajo a través del bosque para llegar de nuevo al centro de la ciudad partiendo desde South Bay. Si buscamos un lugar para andar evadiendo las agujetas del día siguiente, sin duda éste colmará todas nuestras expectativas. Por si fuera poco, gran parte del sendero cuenta con un piso suave debido a que nuestros pasos acarician una alfombra verde, la misma que con gula disfrutan las vacas al pastar.

Desde las alturas, el agua se ve trasparente

Otro de los paseos que podemos dar, y que cambia nuestra percepción del lugar os lo aseguro, es caminar por las rocas que vemos desde lo alto. El inicio, el parking de la colonia de focas; el final, South Bay. Estamos viendo lo mismo, sí. Sin embargo es increíble comprobar cómo cambia un paisaje dependiendo el ángulo del que miramos. Por otra parte andar sobre las millonarias rocas (de antigüedad avariciosos, ellas no avarician el dinero) tiene su misticismo a la vez que observamos las focas de cerca. Único dato a tener en cuenta: esperar a que baje la marea. La duración estimada de este otro track es de hora y media la ida y vuelta.

Y cerca de Kaikoura, en mar abierto, hallaremos ballenas esperma

Las aguas que bañan la costa son cristalinas, dejando entrever sus formaciones rocosas antes incluso que la marea las deje desnudas ante nuestra mirada. En ellas hay espacio para todos, repartiendo el entorno sin nadie que reclame la posesión del mismo. De este modo las aves encuentran tranquilidad para incubar los huevos de los que posteriormente nacerán sus crías, las focas sueñan tumbadas en las rocas reconfortadas por los rayos del sol y el pescador disfruta de la calma del lugar para llevarse un manjar a la mesa.

El único requisito que se nos pide mientras compartimos la zona es no acercarnos a menos de 10 metros de los mamíferos marinos y no invadir el área donde los pájaros habitan. ¿Seremos capaces por una vez de respetar?

No perdáis la oportunidad de dar la vuelta andando a la península de Kaikoura

Si los ojos son el espejo del alma podemos afirmar que las esferas azules de Kaikoura, aquéllas que reflejan su estado de ánimo invitando a un coloquio al resto del paisaje, descansan en paz desprendiendo un halo de energía que nos revelan que, por increíble que parezca, estamos en posesión de dar en vez de luchar por arrebatarla.

Cierra los ojos viajero. Haz descansar tu sentido de la propiedad y compártelo con esa persona que ese lugar te ha hecho recordar. Quizás te sientas más cercano que cuando le hablaste por última vez.

El efecto de la luz y el agua en Kaikoura parece sacado de un cuadro

En Cómo ser un kiwi | Isla Sur de Nueva Zelanda

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