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Escapando de Wellington por la costa oeste

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Tenemos dos vías de escape en Wellington, la carretera número 2 que nos acercará hacia el interior junto con el este de la isla norte y la número 1 que seguirá la costa oeste. Mis pasos van hacia ésta última calzada  (por algo siempre he disfrutado con las historias de indios y vaqueros).

Si hay algún paisaje que destaque por esta zona, inevitablemente deberé hablaros de sus playas. Apenas a 20 kilómetros de la capital de Nueva Zelanda se encuentra Makara Beach y cada pocas millas encontraremos una nueva, más bella y exclusiva si cabe.

De esta forma llegamos a Raumati, una parada escogida al azar sin ningún motivo especial en ella salvo la de explorar los alrededores, dejando de lado cualquier guía que nos ordene a dónde ir y dónde comprar. Puede ser una manera de perdernos interesantes lugares pero por el contrario suele aportar grandes sorpresas. Puede que las de esta entrada no sean especialmente llamativas pero el azar hizo que mis huesos acabaran sobre la arena de la mejor playa que haya visitado hasta ahora en el país. Habrá tiempo para hablar de ella, con tranquilidad, con la copia de seguridad de su figura guardada en mis pensamientos.

Aparte de la belleza de un lugar, cuenta, y mucho, el hecho de lo que le rodea. No es lo mismo si usamos colorantes, dígase unos grandes edificios y la temida plaga de humanos o si por el contrario empleamos champiñones, cebolla y tomate, póngase como ejemplo si nos encontramos con un entorno virgen, expresamente dibujado para nosotros. Pongamos sobre la mesa una sopa calentita realizada a fuego lento en Waitarere beach.

Lamentablemente cada vez quedan menos lugares exentos de la estupidez humana de destruir todo lo que encontramos a nuestro paso. Por ello, pese a estar expresamente prohibido usar vehículos en las playas muchos turistas hacen caso omiso. La estampa es hermosa desde luego. Sin embargo, ¿cuántas de ellas quedan por ofrecer a nuestr@s niet@s?

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