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Kepler Track desde Luxmore Hut – Dia 2

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Kepler Track desde Control Gates en Te Anau – Día 1

Después de ver amanecer vuelta a la faena robándole intimidad a las milenarias montañas. La mochila a estas alturas pesa algo menos aunque no deja de ser una punzada para los hombros. Las vistas desde el refugio eran increíbles pero en este nuevo día podremos observar las proximidades con mayor detenimiento. Para mi gusto, el trayecto entre Luxmore Hut e Iris Burn Hut es el que realmente hace merecer la pena venir al Kepler track. Es el día en el que se unen las vistas aéreas con el interior de un bosque salvaje por lo que el contraste lo hace más interesante.

No hay tiempo para desperezarse, desde el inicio comenzamos una subida que nos acercará a la cima del Luxmore Mount (de 1.472 metros de altitud). Toca ejercitar los gemelos y mejorar la silueta de nuestro trasero mientras admiramos las vistas, un buen aliciente para animarnos a seguir.

Si tenemos un día apacible como en mi caso, la travesía la haremos sin ningún peligro. Sin embargo, por esta zona el viento puede alcanzar velocidades de 120 km/h y hay que andarse con ojo para que no nos lleve ladera abajo. Por otra parte, existe riesgo de avalanchas (de nieve y de rocas) en algunos puntos concretos. Esto no tiene por qué asustarnos dado que se tratan de pequeños tramos pero debería servirnos de aviso para concienciarnos y no hacer paradas innecesarias en esos puntos.

En comparación con la montaña somos hormigas que siguen un camino trazado a lápiz por sus sensuales curvas. A fila de a uno, giraremos la cabeza de izquierda a derecha con los ojos bien abiertos, primero para evitar cualquier resbalón y segundo para maravillarnos y rendirnos ante su imponente presencia. Durante las siguientes 2 horas aproximadamente intercalaremos subidas y bajadas haciendo equilibrios sobre la cresta de los picos, en el tramo que separan los dos Shelter (pequeño refugio con forma de pirámide para resguardarnos en caso de alguna emergencia).

La duración total de esta segunda etapa se estima en 6 horas. Con día soleado las mediciones son correctas porque pararemos más de la cuenta tanto para sacar fotografías como para comer tranquilamente con la mirada perdida en el horizonte. En cuanto a los grupos de montañeros más lentos (integrados por personas mayores, familias con hijos pequeños o personas en baja forma física) deberán emplear la prudencia y salir con mayor antelación porque deberán añadir 1-2 a su plan de ruta.

La panorámica durante el recorrido llevará a distinguir picos familiares a las personas que hayan estado en Milford road. El parque nacional de los fiordos llega a enamorar por su singularidad y es una lástima no disponer de tiempo para perderse en él un par de semanas. Sus tracks son una droga, ya sean de distancias cortas o largas y conforme conocemos mejor el terreno más llega a sorprender.

Gracias a un tipo con barbas de nacionalidad hiperactiva estoy aquí. En su día una instantánea colmó mis espectativas sobre la naturaleza en Nueva Zelanda al verle imponente sobre sus lagos y cumbres. En mi caso no tuve compañía para clonar su fotografía pero sí que presioné el botón de la cámara acordándome de que meses atrás él dejó sus huellas en el mismo lugar. ¡Ésta va por tí salau!

En breve toca girar a la izquierda dándole la espalda a tan hermoso lago, momento en el que deberemos andar sobre unas escaleras de madera encarando la parte final. Pronto nos adentraremos en el bosque de nuevo empleando 1,5 horas aproximadamente. Se nos hará más largo de lo esperado pero puede dejarnos algunas recompensas. Estamos en zona de Kiwis (las aves, no confundir con la fruta) y pese a no haber visto ninguno (tan solo oirlos) podemos encontrarnos con otro tipo de animales.

Encontraremos un handicap y ese no es otro que la pronunciada bajada. Cuando el sendero coge la inercia hacia abajo es cuando las articulaciones más sufren por lo que tened paciencia, no os apresuréis y disfrutad de la vida salvaje.

Pronto iremos de la mano con aguas que van a parar al río Iris Burn. Allí podremos beber agua o incluso bañarnos en caso de hacer calor (un neopreno no estaría de más), cualquier cosa para paliar el esfuerzo de las plantas de los pies.

Sé de uno que se lo pasaría pipa con su cámara a cuestas por las tierras de Nueva Zelanda capturando todo tipo de aves con su objetivo. De vez en cuando no esta de más dar envidia sana, sobre todo a un merengue cuyas pesadillas se bañan de color blaugrana.

Desde ahora tened cuidado, estaré observando impasible vuestros movimientos. No dejéis que emprenda el vuelo desde mi guarida pues me avalanzaré sobre vosotros sin piedad. Que os sirva de aviso, a vosotros, humanos engreídos, de que nada quedará impune. ¡Corred insensatos!

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