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Kepler Track desde Iris Burn Hut – Dia 3

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Kepler Track desde Control Gates en Te Anau – Dia 1
Kepler Track desde Luxmore Hut – Dia 2

Dado que el último día las vistas desde las alturas desaparecen, quería hablaros de un pequeño paseo que podemos realizar desde Iris Burn Hut. A escasos metros del refugio, una señal apunta a éste nuestro destino turístico, una catarata formada por las gélidas aguas de los glaciares. Antes de que lo preguntéis y al mismo tiempo que vosotros, los holandeses y yo pensamos en darnos un chapuzón aprovechando las horas de calor. Lamentablemente la cascada es alérgica al sol y nos contemplará emocionada bajo la protección de las sombras. El problema no es que se pase frío al introducir los pies debajo de su falda, lo peor es cuando nos llega a hacer daño debido a la escasa temperatura. Por eso os aviso, si queréis bañaros por aquí añadir el traje de neopreno en vuestras mochilas (ya se sabe, hay que llevar únicamente lo imprescindible).

Andar entre los árboles es una bonita experiencia, y aunque se puede intentar, la cámara no capta el espacio ni los colores de igual modo. Lo sé, sé que podría tener personas colgadas de mi oreja en este momento diciéndome que todo depende del fotógrafo pero no me harían cambiar de parecer. La fotografía no es más que un mero truco óptico para parar el tiempo cambiando a nuestro antojo la percepción de la realidad. La instantánea podrá ser más o menos bonita, mejor o peor elaborada pero nunca será real pues todavía no se ha inventado la forma de captar con ella nuestras sensaciones.

Desvíos aparte, os quería hablar de una zona en la que salimos al exterior del bosque. Este alto en la vegetación fue posible gracias a una avalancha que hubo en Enero del año 1984 a causa de unas lluvias torrenciales que arrastraron todo lo que encontraron a su paso. Ahora podemos ver crecer pequeños arbustos pero para que desaparezcan 300-500 metros de bosque (de punta a punta, entiéndase) el cielo debió de cabrearse de verás.

Esta parte del trazado es muy llano, estemos o no en campo abierto. Es importante saberlo porque podemos forzar un poco el ritmo para robarle horas al track y poder llegar a buena hora a nuestro hostel a estirarnos a la vera de la chimenea. En el caso de las personas que realizan el Kepler track en 4 días, será una buena jornada para desentumecer las piernas. Seguirán siendo 4-5 horas andando hasta el siguiente refugio pero en condiciones más favorables. Además, aunque en los anteriores refugios nos lo recalcaran, en Rainbow Reach existe la posibilidad de coger un autobús para que nos lleve a Te Anau. Sabiendo eso, podemos jugar con hacer el track en 3 o 4 días y eligiendo si realizarlo en su totalidad o no.

Moturau hut es una buena parada para comer. En nuestro caso se encontraba a mitad del camino y es un momento perfecto tanto para recargar energías como para terminar nuestros víveres. Eso sí, deberemos hacerlo dentro de la casa si no queremos ser acosados por las sandflies, esas moscas que no hacen más que picar a los montañeros (es curioso que quienes pican son las hembras, el mundo al revés). De aquí en adelante las cuestas aparecen de nuevo; arriba, abajo, arriba, abajo… siendo el último tramo debería ser el más rápido por las ganas que se tienen de llegar a la meta pero estos últimos kilómetros se hacen más pesados de lo que imaginaba en un principio.

Los puentes a lo largo de Nueva Zelanda y en todos sus tracks en particular tienen muchos significados. Llaman mucho la atención porque al igual que los refugios son construidos en unas zonas de difícil acceso. Esto sólo indica una cosa, la predisposición que tienen los Kiwis a que los extranjeros conozcamos su país. De hecho, una de las primeras preguntas que nos harán cuando nos crucemos en su camino será si estamos disfrutando nuestra estancia. Para ello además no dudarán en hablarnos de algunos lugares interesantes para ir así que tendremos recomendaciones de las personas autóctonas.

Esto me lleva a hablaros de un segundo significado de los puentes. Es la unión de dos puntos separados geográficamente por una barrera. En el caso de esta increíble isla el océano es el muro a derribar y es por eso que siempre tienden la mano a los foráneos en una fiesta multiétnica constante. Si cada país absorviera un mínimo esta conciencia dejando de lado las diferencias por el mero hecho de ser limítrofes ganaríamos sabiduría, hasta el punto de no ser necesarios los puentes nunca más.

Viajar es la forma de mezclarnos, conocer el uno algo del otro y llevarnos a casa un granito de sus conocimientos y vivencias. Exhaustos, sí, pero también unidos acabamos la última jornada de 32 kilómetros, lo que nos llevó a compartir vehículo, hostel y escapada a Queenstown. Lisette y Marius, Marius y Lisette. Dos personas sanas de mente a las que este viaje por Asia y Oceanía está marcando su temperamento abriendo su visión del mundo lejos de cualquier obstáculo.

Girad la rueda y subid el volúmen de vuestro reproductor de música (exacto, existe vida más allá del ipod). Escuchad y gritad conmigo:

Goodbye… Nice to know you!

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