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Christchurch y sus encantos

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La ciudad de Christchurch me da la bienvenida con los brazos abiertos como si fuera una madre que ansía ver volver a su hijo. Sus habitantes son el claro ejemplo de lo cosmopolita que es el país, pudiendo ver conviviendo muy diferentes culturas sin aparentes problemas. Los turistas europeos junto con americanos crean hormigueros en los hostels, mientras que los asiáticos son el gran atractivo de las calles, mezclándose con autóctonos y australianos.

Un buen amigo (aunque peor delantero) me recomendó el Hostel The Old CountryHouse y lo cierto es que no puedo hablar más que bien de ese lugar. 3 casas agradables y acogedoras con total comodidad. Además lo que hace especial a este hostel ideal para backpackers es el ambiente que reina. Todo el mundo se une en la cocina para comer o meramente charlar sobre sus diferentes aventuras hasta que la luna se hace dueña de la ciudad. Se escuchan risas, brindamos por nosotros y nos deseamos una buena vuelta a casa, la suerte necesaria para conseguir visado o simplemente nos damos las buenas noches. De hecho, gracias a una chica alemana que se iba para Sidney un par de semanas ahora tengo esterilla térmica. ¿La necesitaré? quizás más adelante. Lo que esta claro es que acabará en manos de alguien que la necesite cuando a mí no me haga falta.

Dado que he hablado de los hostels, imprescindible para el mochilero el sacarse la BBH card. Una tarjeta con descuentos de unos 3 € en todos los hostels que son de la familia (la mayoría), 20 $ neozelandeses en llamadas y muchas otras cosas más. Lo mejor: que las llamadas internacionales a teléfonos fijos españoles cuestan 0,05 céntimos neozelandeses, lo que mayormente viene siendo poco más de dos céntimos de Euro.

La ciudad en sí no tiene mayores lugares para visitar pero no puede haber queja alguna. En día y medio suficiente para captar la esencia y querer seguir conociendo más. Lugares a visitar: El jardín botánico a través de sus hermosas calles, el museo de arte que encontramos de camino y si queremos ver cuanto antes el mar podemos acercarnos a la localidad de Summer (un pueblo anexo al cual se llega cogiendo un autobús de cercanías).

Lo primero que veremos dado que es el epicentro de Christchurch será la gran plaza de la Iglesia, una hermosa construcción, la cual se puede observar tranquilamente mientras cruzamos la plaza sentados en el tranvía. Más adelante es donde encontraremos el museo de arte, cuya arquitectura choca frontalmente con el estilo que destilan las hermosas casas (de dos pisos como máximo) características de Nueva Zelanda. Dentro existen exposiciones itinerantes e incluso se puede ver a Mao Tse-Tung según la mirada de Andy Warhol. Todo ello gratis, dato importante cuando el ahorro se mira con tantos aumentos a través de nuestro objetivo.

Si ha coincidido nuestra llegada en sábado, tendremos la suerte de mezclarnos con sus gentes en un mercadillo de artesanía montado a escasos metros del museo. Si la climatología acompaña, seremos uno más entre los visitantes que se maravillan con las tiendas de artesanía de la cercanía. Un contrapunto al mercadillo ubicado dentro de los bellos edificios, como si hubieran sido erigidos para ese propósito. El paseo hacia el jardín botánico será custodiado por una casa con parada obligatoria, construida para personas con discapacidad y con una estructura pensada para recapacitar.

La entrada al jardín botánico por sí sola merece la pena y dentro de su inmensidad podemos perdernos guiándonos por nuestro sentido olfativo, siguiendo las diferentes flores que nos acaban llevando al centro del mismo, donde se ubica el jardín central de las rosas. Los árboles asombran por su tamaño y los enamorados pueden ser transportados en góndola a través de sus tranquilas aguas.

Después de haber conocido la serenidad, sin haber pasado años enclaustrados sin ni siquiera hablar con nuestro maestro zen, puede ser momento para ver el horizonte de un océano tan lejano como frío y emocionante. El paseo por Summer beach aporta otro aire fresco diferente. A un lado el horizonte con un mástil visible en lo alto de una gran roca. Al otro una colina repleta de pequeñas casas aferradas a la tierra y al entorno con gran acierto. Habiendo tiempo se puede andar hasta subir la colina mientras que si el cansancio hace mella podemos degustar un helado al final del paseo.

Podría hablar maravillas de las personas de Christchurch. Sin embargo, conforme avanza mi viaje se debe extender esas afirmaciones a todas las gentes que pisan tierra en Nueva Zelanda, tanto autóctonos como viajeros.

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2 Comentarios

  1. WAU!

    El blog esta teniendo demasiado nivel! Esto es un lujazo! Me gusta, en serio.

    Pensaba que seria mas personal, pero me gusta el nivel profesional de viajero que esta pillando esto.

    Me encanta nutrirme de la experiencias de los demas y ultimamente me ha dado por seguir unos cuantos, mucho mejor si es de un amigo.

    Lo seguiro con interes buen hombre! Cuidate mucho. Mikel

  2. Xabitxu, que a gusto se te ve en las fotos, que envidia, desde pamplona estamos siguiendo tu aventura paso a paso. Disfruta mucho de todo lo que te esta pasando y deja de sentarte de espaldas en todas las fotos… jejeje no en serio son muy chulas. Un beso muy gordo

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